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Vivir o Sobrevivir

Vivir o Sobrevivir


 

Por fin se ha detenido el mundo: lástima que el motivo sea un virus incontrolable. Ojalá nos sirva para tomar conciencia de nuestros errores para no repetirlos. Muchos nos hemos dado cuenta de que la hiperactividad, la vorágine de las prisas, las tareas inacabadas, los plazos por cumplir, la sucesión de obligaciones sin fin y tantas “cosas importantes” a priorizar, se han detenido de golpe, de un día para otro. Quizá sea una ironía del Destino, del Karma o de la Providencia, pero hoy por hoy no tenemos más remedio que aparcar todo aquello que llenó nuestra vida hasta la semana pasada y aprender a vivir y a convivir de otra manera: Vivir en lugar de Sobrevivir. Y ahora,  ¿Qué podemos hacer con nuestra vida? Sobre todo, quedarnos en casa y poner en marcha nuestra creatividad, nuestro amor por aquellos a quienes teníamos un poco desatendidos en nombre de esas “obligaciones”. A mí se me ocurre que es momento de convertirnos en observadores de nuestros programas automáticos subconscientes para así poder liberarnos de su tiranía. Ponernos en contacto con nuestra parte luminosa en lugar de caer en esa parte sombría de nuestros miedos, la rivalidad y la lucha: RESPIRAR. Párate por unos minutos para observar tu respiración, cómo sucede por sí misma, cómo te acompaña desde que naciste y cómo te ata a la vida. La respiración consciente nos ayuda a ver en nuestro interior y, practicando, día tras día, es capaz de modificar la estructura de nuestros circuitos neuronales para salir del bucle de pensamientos y conductas repetitivas, ayudándonos a conseguir ese remanso de paz que tanto necesitamos.Y, si en medio de la práctica, te invaden pensamientos del pasado o del futuro, inquietudes, obligaciones, dudas o sensaciones corporales como un picor, un dolorcillo, una incomodidad, no te preocupes y vuelve amablemente (sin regañarte) a tu respiración. Utilízala como un ancla que te mantiene en el presente, en el aquí y el ahora. Es una buena forma de retomar el contacto contigo misma/o, de cuidarte y quererte: deja de justificar tus malos hábitos y empieza a comer sano, a respetar tus ritmos vitales, a compartir lo positivo que hay en ti con tus seres queridos en lugar de verter tus miedos sobre ellos. Y, sobre todo, obsérvate, no te identifiques con emociones o pensamientos porque eso no eres tú. Emociones y pensamientos son cambiantes, inestables; lo único que permanece y siempre está contigo es tu respiración. Es importante no creernos aquello que emerge desde nuestro lado oscuro, observarlo desde fuera, para poder salir del miedo y la angustia: si te invade, utiliza  la observación a tu respiración. También es importante practicar de forma regular porque la repetición nos convierte en maestros.

 

Ábrete Sésamo...